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¿Cómo seducir a una mujer casada?

Adorar al sol que nace, todo el mundo lo hace; al sol que muere, nadie lo quiere. Agua turbia no hace espejo.

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Amo a los hombres y les canto. Amor en dos tiempos. Como gata boca arriba. Como tinaja Conjuros de la memoria. De la mujer al hombre. En la doliente soledad del domingo Eros es el agua. Es larga la tarde Estoy viva como fruta madura Eva advierte sobre las manzanas. Nos casaremos en invierno.

Permanencia de los jardines. Se van tus manos sobre mi mirada. Te duermes Te escribo, Sergio Te veo como un temblor Y Dios me hizo mujer. A media voz Volver a: Ya no hay oscuridad, ni barricadas, ni abuso del espejo retrovisor para ver si me siguen. Ya no huele a quemado, y no es la muerte una conocida presencia esperando a la vuelta de cualquier esquina. He recuperado mis flores amarillas y estos malinches de mayo son mas rojos y se desparraman de gozo reventados contra el rojinegro de las banderas.

Ahora vamos envueltos en consignas hermosas, desafiando pobrezas, esgrimiendo voluntades contra malos augurios y esta sonrisa cubre el horizonte, se grita en valles y lagunas, lava lagrimas y se protege con nuevos fusiles. Amo a los hombres y les canto Amo a los obreros, esos sudorosos gigantes morenos que salen de madrugada a construir ciudades.

Amo a los carpinteros que reconocen a la madera como a su mujer y saben hacerla a su modo. Amo a los pintores -hombres colores- que guardan su hermosura para nuestros ojos y a los que pintan el horror y el hambre para que no se nos olvide. A todas las amo y me felicito por ser de su especie. Quiero llevaros a recorrer los caminos por donde avanza -inexorable- la Historia. Mi lengua siente en tus brazos el zumo dulce de las naranjas y en tus piernas el promegranate esconde sus semillas incitantes.

Mi hombre de limones y duraznos, dame a beber fuentes de melocotones y bananos racimos de cerezas. II Campanas sonidos ulular de sirenas suelto las riendas galopo carcajadas pongo fuera de juego las murallas los diques caen hechos pedazos salto verde la esperanza el cielo azul sonoros horizontes que abren vientos para dejarme pasar: Nacida de la selva me tomaste arisca yegua para estribos y albardas.

Es tan hermoso contemplar el mar. Ahora el agua se ha llevado tu castillo de arena en la marea alta. Aunque nacimos para ser felices nos vemos rodeado de tristeza y vainas, de muertes y escondites forzados. Te quiero como gata agradecida, gorda de estar mimada, te quiero como gata flaca perseguida y llorona, te quiero como gata, mi amor, como gata, Gioconda, como mujer, te quiero.

Si es una quemadura leve, de segundo, tercer o primer grado. Si hay o no que ponerle nombre a las cosas. Me veo y no me estoy viendo, es un espejo de vos el que se extiende doliente sobre esta soledad de domingo, un espejo rosado, un molde hueco buscando su otro hemisferio.

El estruendo de grandes tambores y el alarido de numerosa gente en el fondo de la selva sirvieron para confirmar la retirada, no sin antes sufrir una escaramuza por parte de los omeguas.

Los europeos se marchaban convencidos de haber visto los umbrales de "El Dorado". Sin embargo, el hambre, las enfermedades y la resistencia de los indios nativos de la isla provocaron que Trinidad fuese nuevamente despoblada. Tras dos meses sin resultados y sin recibir refuerzos decide volver a la isla Margarita. De Wikipedia, la enciclopedia libre. Real Audiencia de Santo Domingo, 30 de enero de Cartas de la Real Audiencia de Santo Domingo Medina del Campo, ; Zaragoza, Biblioteca Nacional de Colombia.

Archivado desde el original el 20 de agosto de

Preciosas vistas al mar